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El cartel de
entrada a Ribadesella por la AS-263,
en el que la «ll» está tachada
y en su
lugar se ha escrito una «y». p. m.
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Ribadesella, Patricia MARTÍNEZ
Desde el siglo
XIII hasta el XIX, el río más importante de la comarca fue «Seya» para quienes
vivían en su entorno y «Sella» para los escribanos de documentos oficiales. Así
lo defiende la historiadora gijonesa Elena Rodríguez, profesora Titular de la
Universidad de Huelva y concienzuda estudiosa de 2.100 documentos de la época,
que se conservan en archivos públicos y privados del país.
La mayor parte
de esta extensa base documental se refiere a la zona del Alto Sella,
fundamentalmente al concejo leonés de Oseja de Sajambre, pero también a los
asturianos de Amieva y Ponga. En ella, Rodríguez encontró unos 45 testimonios
«donde aparece claramente escrito río Seya», así como otros topónimos formados
con el nombre del río, como los que hacen referencia al municipio -«Oseya» y
«Sayambre»- además de «muchos topónimos menores como "Rudeseya", que
significa río de Seya o la "Puente Seya"».
La
investigación muestra documentación «desde el siglo XIII, con un documento en
el que ya aparece "Oseia" para un sonido consonántico. En el XIV se
documenta varias veces "Sayambre", y se repite en el XV, XVI, XVII y
XVIII, hasta 1816, el testimonio más tardío que conozco», apunta Rodríguez. La
historiadora reconoce que el porcentaje de «y» frente a «elle» -o a «jota», en
el caso de Sajambre- es del dos por ciento, muy poco, pero explica que se debe
a que «la mayoría de los documentos están castellanizados».
Sin embargo, en
ocasiones, en determinados documentos, algunos al margen de lo oficial, es
«donde aparece cómo hablaban en realidad, aunque los que enviaban los
eclesiásticos a sus obispos o los notarios a los tribunales de justicia del
reino estaban totalmente castellanizados. Con elle o con jota», detalla la
profesora.
Rodríguez añade
que es necesario «recopilar la mayor cantidad y variedad posible de fuentes y
buscar otras alternativas para encontrar cómo verdaderamente hablaba la gente».
En los documentos sajambriegos conservados, esto se observa en las escrituras
de los aprendices del oficio notarial, en notas preparatorias de los escribanos
públicos y en las formas antiguas de la toponimia menor, «nombres de prados, de
tierras, que no aparecen en los mapas», explica la historiadora. «A veces, en
testimonios escritos de carácter menor, que incluso pueden pasar
desapercibidos, se encuentra información muy valiosa», añade.
La época que
mejor ha documentado a lo largo de seis años de trabajo sistemático es el siglo
XVII, un momento en el que el notario sabe que tiene que escribir los
documentos administrativos en castellano, aunque en alguna ocasión se le
escapen elementos propios de la lengua oral. «Cuando analizamos el documento
preparatorio, previo a la escrituración del oficial, a veces vemos cómo castellaniza.
En el primero escribe con "y" o utiliza palabras en asturiano que
luego no aparecen en el documento oficial, siempre en castellano», describe
Rodríguez. Hay que tener en cuenta que el nivel de alfabetización en toda la
época estudiada era muy bajo y que la mayor parte de la población no sabía leer
ni escribir. La historiadora subraya que «una vez que las personas pasan por la
escuela y se alfabetizan se castellanizan, es un fenómeno automático».
No en vano, los
últimos testimonios escritos en los que aparece Seya datan del siglo XIX, que
es la etapa previa al avance de la escolarización impulsada por la Ley Moyano y
a la alfabetización general que se alcanzará a lo largo del siglo XX. «Es ahí
cuando desaparece de la documentación esta serie de lugares escritos con
"y", es muy significativo», precisa la historiadora.
Sobre los
argumentos que apoyan la escritura original con «elle» en cómo lo han
pronunciado las dos o tres generaciones anteriores, Rodríguez se pregunta
«hasta dónde llega la tradición oral, porque existen topónimos e incluso
palabras de la vida cotidiana que estaban plenamente vigentes en el XIX, que
aparecen de forma continua en los documentos, y actualmente nadie sabe nada de
ellos, nadie los recuerda en Sajambre», añade.
Una de las
conclusiones de su trabajo es «que se constata la fragilidad de la memoria
humana», que por ejemplo, en la actualidad, «no llega ni a mediados del siglo
XIX. Lo que pasaba en la primera mitad no se recuerda en absoluto o está
transformado».
Y más si hay
una corriente de castellanización, ya que «mucha gente aprende a leer y
escribir a partir de la segunda mitad del siglo XIX, que coincide con la época
en la que se olvida la escritura con "y"». A este proceso de dar
forma castellana a un vocablo de otro idioma atribuye la profesora la pérdida
de la antigua pronunciación.
La escritura
con «elle» o con «y» llevó en mayo de 2010 la polémica a Ribadesella. Pocos
días después de que el Pleno municipal aprobase la nueva toponimia del concejo,
que incluía la doble denominación «Ribadesella / Ribeseya» para la capital,
surgieron las primeras voces críticas.
Los filólogos
Fernando Álvarez Balbuena, Ramón d'Andrés y Ramón Sordo Sotres coincidieron en
afirmar que se pueden utilizar tres variantes correctas para la capital
riosellana, «Ribadesella», «Ribasella» y «Ribaesella», pero nunca «Ribeseya»,
aprobada como variante en asturiano. Así que el dilema estaba en si el
asturiano de Ribadesella debe ser con «y» o con «ll».
Elena Rodríguez
sabe que la elección entre una u otra consonante «tiene una serie de
connotaciones políticas», pero «en esto no entro porque yo sólo transmito lo
que dicen los documentos antiguos, que son claros», señala la historiadora.
Explica que en
la época estudiada, en Sajambre se hablaba el asturiano oriental, donde están
presentes el río Seya y los topónimos relacionados escritos con la misma
consonante. «Más allá no voy. Los asturianos tienen que ponerse de acuerdo en
qué criterio utilizar, si el actual con la castellanización o la forma
autóctona, que en muchos casos se perdió a lo largo de los siglos XIX y XX.
Pero esto ya es una cuestión aparte», concluye.